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jueves, 26 de mayo de 2016

Talento al cuadrado


Sentarse frente a la máquina y empezar a escribir un blog por primera vez, no es fácil. Es como tirarse a la pileta desde el trampolín más alto. Cuando después de revisar y corregir una y mil veces por fin llega el momento de apretar “publicar”, se siente la misma adrenalina que en la montaña rusa, mezclado con la idéntica sensación de dejar a tu único hijo por primera vez en Jardín de Infantes. “¿irá a estar bien? ¿lo tendría que haber corregido una vez más? Ay no!!!! ¿Qué hice?”, son algunas de las preguntas que empiezan a aparecer sin permiso en mi cabeza, pero la más recurrente es sin dudas “¿Quién lo leerá?”.

Puedo decir, sin temor a equivocarme, que comenzar a escribir este blog y posteriormente abrir una cuenta de Instagram, me han transformado en una persona más feliz. Pero sobre todas las cosas me han dado la inconmensurable posibilidad de conocer la gente que estaba detrás de esa última pregunta. Ahora sé quien lo lee. Gente hermosa, llena de talento, generosa, encantadora.

Una de esas personas que llegaron a mi vida como un regalo cortesía de mi blog, nos comparte este tutorial. No se imaginan las cosas que hace!!!! Es una genia!!!

Ella y su marido son dos artistas de la restauración, hacen cosas maravillosas. Tienen una mano y un ojo clínico formidable. Poseen un descomunal buen gusto para ver en lo que otros tirarían a la basura, el potencial para transformarlo en una obra de arte.

Habiendo visto fotos de un cuarto de baño intervenido por ellos, me pareció una idea genial y un lujazo, invitarla a sumarse a esta aventura decorativa en la que estoy embarcada.

Presten mucha atención porque nos va a enseñar el paso a paso de empapelar una pared con hojas de papel de diario…… y no cualquier diario…… pasen y vean!!!!!

Los dejo con ella:

En 2014 abandoné mi querido blog... por distintas circunstancias de la vida perdí el entusiasmo y las energías para continuarlo, pero casi sin quererlo tuve revancha gracias a las nuevas tecnologías, que me llevaron a conocer Instagram. Esta fascinante aplicación también me brindó la posibilidad de conocer gente valiosa y con mucho talento, como María Pía, de Puesto Viejo Deco, quien me abrió sus puertas en esta oportunidad para compartirles un tutorial o “DIY” condimentado con una de mis tantas historias personales relacionadas con la decoración y los objetos con alma...

La historia del papel detrás de este proyecto: Lo encontramos dentro de unas cajas de repuestos del taller del abuelo de mi marido. Llegó desde Indianapolis, U.S.A. en los 50's y su función fue la de proteger autopartes. Autopartes que fueron valiosas alguna vez, pero que nunca se vendieron y hoy tienen un valor ínfimo comparado al de este maravilloso papel... El estreno de una peli de los años dorados de Hollywood con Grace Kelly y Frank Sinatra, el intenso sabor de los chicles Wrigley's y la última tecnología de los TV RCA reviven en mi pared “a diario”. Que viva la oldschool y sus objetos únicos e invaluables!


MATERIALES:

* Ganas ( cantidad necesaria ).

* Papel de diario, hojas de libros, revistas, cartas o cualquier tipo de papel que encuentren y les encante.

* Adhesivo para empapelar ( Wepel o similar ) y agua.

* Pincel ancho y batea de pintura ( o un bowl, botella cortada o lo que tengan a mano ). Es para contener el adhesivo preparado.

* Barniz ( recomiendo por su acabado el satinado de Sherwin Williams ).

* Aguarrás ( para diluir el barniz y luego limpiar el pincel ) o bien pueden usar también barniz al agua si no se quieren complicar mucho.

* Tijera y cutter.

* Papel o cartón para cubrir el piso y un trapo húmedo por si manchamos con adhesivo donde no debemos.


PASO A PASO:

Una vez que hallaron su papel ideal, lo pueden aplicar en una pared, como en este caso, o bien en un mueble, cajón o lo que gusten personalizar. Tengan en cuenta que cuanto más fino es el papel, más fácil será moldearlo. Si es algo grueso, recomiendo lo utilicen solo en superficies planas o que no tengan bordes redondeados, porque es posible que les queden globos o arrugas rebeldes.

Si el papel es muy viejo, como el de este tutorial, tengan en cuenta que es posible que se quiebre o desarme. Hay que tener paciencia, y si no queda liso... bien! lo lograron, es lo que le otorga su carácter especial y único.


Antes que nada nos tomamos el tiempo necesario para cubrir el piso para evitar mancharlo. Colocamos el adhesivo en la batea, lo mezclamos con agua hasta que no queden grumos y tenga textura liviana. Lo aplicamos generosamente con pincel sobre la pared, siempre en paños apenas más grandes que cada hoja que vayamos a pegar. Posicionamos el papel sobre la pared y nuevamente otra mano de adhesivo por encima hasta humedecer bien todo el papel, siempre chequeando que no queden globos, ya que luego será tarde para corregir porque el papel se endurece con la forma que quedó.

   Una vez seco, podemos recortar y emprolijar los excedentes de papel de esquinas y bordes con la ayuda de un cutter o tijera. Si lo intentamos hacer con el papel húmedo, corremos el riesgo de estropear el trabajo.


Por último, vamos a aplicar un producto que proteja nuestro querido papel y nos brinde la posibilidad de poder limpiarlo luego con mayor facilidad. En este caso utilicé el barniz satinado de Sherwin Williams. Es mi favorito! el acabado es genial, y sobre madera ni les cuento!! queda súper natural.




Importante: lo aplicamos siempre bien diluido en aguarrás. De esta manera seca más rápido entre manos y queda perfectamente uniforme y sin vetas del pincel.

Ahora si! a contemplar y disfrutar con orgullo de nuestro trabajo!




Hasta la próxima!


Les gustó tanto como a mí? Verdad que si!!!!!!! Que hermoso trabajo!!!!

Gracias!!!! Gracias titánicas!!!! Voluminosas y épicas Gracias!!!!! Estoy orgullosa de haber contado con esta invitada de lujo!!

Y ahora sí, con toda esta info, me voy a poner de cabeza a intervenir mi dormitorio. Si no aparezco en unos días, ya saben lo que estoy haciendo!!!!

miércoles, 4 de mayo de 2016

Vintage vintage! (cuarta parte……y última!!!!)


El paseo no terminó aquí, teníamos toda la mañana por delante!. Decidimos hacer un break en un cafecito adorable, y ya dentro e instalados nos dimos cuenta que de adorable no tenía nada.

Para empezar, la mesa estaba sucia. Cuando por fin se acercó una moza, barrió las migas y papelitos que se fueron en caída libre derechito al piso. Luego le pasó un trapo que complicó aún más la situación, dejando la mesa húmeda y con olor a lavandina. Para poder ir al baño tuve que pedirle la llave a “la encargada”….. ¿De qué tienen miedo? ¿Alguien alguna vez se robó un inodoro?. Luego del café con leche y dos medialunas olvidables, continuamos nuestro raid libreril un rato más, nos compramos unos libros que nos harán dichosos toda la vida y partimos hacia la casa de mi papá a buscar tesoros.

 Ya en el camino tuve mi primera recompensa. Justo me llama mi mamá por teléfono cuando veo sobre una verja, cinco cajones de cómoda que alguien había sacado para tirar. Sin cortar empecé a pedirle a mi marido desesperadamente que diera la vuelta a la manzana porque obviamente quería ganarles a otros cartoneros y alzarme con el botín!

Ya en la puerta de la casa (bah! estacionó unos metros más adelante, no vaya a ser que alguien lo vea y/o relacione con la ciruja que les habla) y previa advertencia innecesaria “te bajás vos eh!”, bajé del auto. Cuando los pude ver de cerca, me parecieron demasiado perfectos para que los hayan sacado como basura.

Golpeé las manos para preguntar, viendo de reojo como mi marido se hacía más chiquito en el auto para que nadie lo viera atrás del asiento.

Nada.

Golpeé otra vez un poquito más fuerte.

Nada.

En la ventana, un perrito Pomerania me ladraba como loco y yo, a escasos metros de él en la vereda, no escuchaba ni medio “guau”. O hacía la mímica, o estaba operado de las cuerdas vocales, o eran vidrios blindados porque no se oía nada.

Como hace mil años que vivo en un pueblo, me había olvidado que en Córdoba nadie le abre la puerta de calle a desconocidos. Pero, justamente, yo me quería presentar y preguntar amablemente si me podía llevar esos cajones. Por ahí los estaban por pintar o trasladar y yo me los robaba.

Me acerqué y golpeé la puerta.

El Pomerania me odió (y mi marido también) pero logré que se asomara por una ventanita con rejas una chica con cara de pocos amigos. Le pregunté por los cajones, me dijo que efectivamente eran para tirar, le pregunté si me los podía llevar, me dijo por supuesto llevalos, y ahí le dije que los quería para hacerlos cuadros, y usarlos de marcos. Abrió grande la boca y en los ojos noté un destello de “¿Cómo no pensé en eso antes?”, y se quedó mirándome impotente mientras me los cargaba en el baúl mi marido, que a estas alturas ya se le había pasado la vergüenza.





Llegados a lo de mi papá y tras los saludos de rigor (hooooola como andan, abrazos, muchas risas, alegría a flor de piel), fuimos al galponcito. De la lluvia hacía rato que no había ni rastros, pero Odie, un mastín napolitano más bueno que Lassie, se encargó de babosearnos y embarrarnos con sus patas a modo de bienvenida.

El galpón, antigua conejera de los dueños anteriores de la casa, tiene una puerta de rejas por la que se ingresa a una especie de zaguán en el que hay tres puertas más.

Tras la puerta de la izquierda hay una habitación que alberga muebles en desuso, algunos heredados y otros reemplazados por más nuevos, que están ahí en una especie de limbo, esperando supongo yo su juicio final.

Tras la puerta enfrentada a la de rejas se encuentra una especie de corralón de materiales, es el típico la biblia y el calefón. Conviven sin ningún problema aberturas de demolición, cajas discontinuadas de cerámicos, andamios, maderas de obra, rejas, perfiles, caños, tachos de distintas índoles y capacidades, junto a otras cosas que ni sé que son, porque están tapadas, que mis primos dejaron allí provisoriamente (léase “para siempre”) mientras se acomodaban tras una mudanza y llevan años y años juntando polvo.

Tras la puerta de la derecha está el paraíso. No puedo entrar a esta estancia sin querer abarcar todo con la mirada de una sola vez y guardarlo en mi memoria para siempre. Hay tantos trastos bellos, tantos sentimientos, todas las cosas tienen vida, todas me hablan a la vez, todas son en sí mismas incomparables y valen oro para mí. Cada vez que entro en esta habitación, lo hago con mi papá. Y él siempre me muestra y habla de algún objeto diferente. Sabe perfectamente la historia de cada unidad que allí se encuentra. De quien era, quien se la regaló, cuántos años tiene, para que servía, el árbol genealógico de su dueño anterior, lo que él tiene pensado hacer con esa cosa, cuándo se rompió, como quiere arreglarla y para quien. Él no lo sabe, se va a enterar ahora si rompe la barrera tecnológica y lee mi blog, pero para mí, estar allí con él, escuchar sus historias, mirar cada silla rota, ver y tocar los planos (es ingeniero civil) de cada una de sus obras, todos perfectamente organizados en carpetas que llenan y llenan estanterías, es el mismo cielo, es la gloria, es el Olimpo! Amo profundamente a mi viejo, y no voy a caer en el lugar común de decir que es el mejor papá del mundo, pero lo es! Jaja. Y ahí, en ese rinconcito pequeño, olvidado del planeta y con bastante olor a humedad, siento una conexión muy fuerte con él, allí puedo sentir claramente su alma, y tengo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no largarme a llorar, (tal y como estoy llorando ahora mientras escribo), porque me emociona hasta ese punto charlar con él de esas cosas en ese lugar mágico.
Bueno, en definitiva, me regaló un montón de cosas preciosas, que iré a buscar mañana y que luego les mostraré en fotos.

martes, 26 de abril de 2016

Vintage vintage! (tercera parte)


Sin levantarse aún de la silla, giró hacia nosotros, abrió los brazos en un gesto de bienvenida y divertida dijo: “¿que vinieron a buscar?”.

Para mí era más que evidente, ¿para qué más va uno a una librería?.

Así y todo contesté como una nenita: “un libro”.

Me salió una voz muy rara, finita, insegura, tímida.

Entonces ella por fin se paró, y pude ver, mientras se acercaba caminando jovial hacia nosotros, que esta mujer no era de esta era.

Parecía recién bajada de la máquina del tiempo.

Todo su look era retro, de otro siglo.

Su edad, indescifrable. Vestía una pollera oscura, amplia, larga hasta la mitad de la pantorrilla, una blusita blanca llena de puntillas, con cuello redondo y mangas cortas abullonadas, un chalequito de terciopelo, bien pegado al cuerpo con muchos botoncitos adorables, su peinado, impecable, sus zapatos bajos con zoquetes completaban el atuendo. Se movía como una bailarina.

Salimos del local, y ya enfrente de su negocio, nos preguntó qué libro queríamos. Mi marido señaló uno de la vidriera. Uno cualquiera. Uno que cumplía la consigna de ser viejo, desteñido, sin mucho valor como libro, ya que lo queríamos para deshojarlo y armar una especie de collage en la pared. Nos miró aún más sonriente, visiblemente emocionada, y llevándose una mano al pecho manifestó: “Oh! Ése libro! hace mucho que lo vienen a ver en la vidriera y hoy por fin se decidieron no?”. No esperó respuesta alguna (tampoco hubiésemos sabido que contestar), y sacando un manojo de llaves de algún pliegue de la pollera, se dispuso a abrir la puerta no sin antes hacer un cálculo en voz alta “uno, dos, tres, cuatro, cinco….. uno, dos, tres”, que evidentemente eran las coordenadas precisas para encontrarlo fácilmente del otro lado.

Lo sacó, le sacudió un poco la tierra, y me lo entregó en la mano mordiéndose el labio inferior mientras me decía: “ya no hacen libros como éste, es una joyita este libro, son conocedores ustedes!”.

Sonamos!, (pensé yo), y pregunté inmediatamente el precio. “Por ser vos, y porque sé que lo vas a cuidar, cincuenta pesos”, me dijo, mientras me palmeaba la mano y abría los ojos bien grandes.

El costo estaba bien, era una suma más que accesible, tirando a barato diría yo. El problema, es que ella parecía estar entregándome un hijo y yo lo quería para descuartizarlo.

Resolví el dilema (léase expié mi culpa) comprando algunos más que no sólo no pienso romper, sino que los voy a dejar sobre una mesa ratona para que se luzcan como objetos decorativos, material de lectura interesante, y fundamentalmente como tesoros de otra época, porque…..“ya no hacen libros como éstos, son una joyita estos libros, sólo para conocedores!”. ¿Yo dije eso o escucho voces en mi cabeza?.

Para que se queden tranquilos, les cuento que decidí salvarle la vida al hijo dilecto de la señora, y en su lugar voy a sacrificar unas guías de teléfono viejas de cuando los números tenían tres dígitos. Si alguien se siente ofendido por tal sacrilegio tengo unas más actuales para arrancarles las hojas y pegarlas, que, estoy segura no le van a doler a nadie.

Por cierto, el libro que tanto amor le inspiraba a aquella bella y excéntrica dama es “Mil y una anécdotas de gente conocida” de Asenjo y Torres del Álamo, del año 1940.



Continuará……

miércoles, 6 de abril de 2016

Vintage vintage! (segunda parte)


Ante mí, y cual aparición surrealista, estaba la imagen vívida, palpable, en 3D, de lo que yo tenía en la cabeza!

Era un negocio de sellos. Nuevo para mí que hacía catorce años que no pisaba el centro de Córdoba. Tenía un gran ingreso en el medio enmarcado por dos grandes escaparates. En los dos había sendos muebles antiguos repletos de cajones tipográficos. Siiiii, cajones tipográficos de esos que es tan difícil (y caro) conseguir! Por lo único que no largué el paraguas, rompí la vidriera con una piedra y salí corriendo con un cajón en cada mano, fue por lo que vi detrás.

Las paredes de la vidriera estaban empapeladas con hojas de libros!!!!!!




 Eran como una maqueta viviente a escala real de cómo iban a quedar las paredes de nuestro cuarto! Bellas!!!!!

Por supuesto que entramos al negocio y como niños en una juguetería no hicimos más que llamarnos mutuamente al grito de:

-“mirá!!!!”

-“vení a ver eeeeesto!!!!!”

-“no lo vas a poder creer!!!!!!”

Había tantas cosas hermosas! Todas rimaban con felicidad!. Nos fuimos sin ganas de irnos, sabiendo que volveríamos por ellas lo más brevemente que pudiéramos y cruzamos la calle peatonal para hacer los pocos pasos que quedaban hasta la librería a la que íbamos.

Cerrada.

Nos quedamos un tanto perplejos mirando la vidriera llena de polvo, con un montón de ejemplares de libros que ya ni existen, que se extinguieron junto con los dinosaurios y que vaya uno a saber cómo, fueron a parar allí desconociendo que ya no quedaban otros de su especie.

Se ve que nuestras caras de desilusión fueron tan evidentes que una mujer, dueña de un local vecino (también librería pero más moderna) nos dijo: “chicos!.... buscan un libro?.... está acá la señora….tomando un té!” (sic).

Nos acercamos desconfiados. Cual gato curioso asomé la puntita de la nariz por la puerta y me encontré con una escena de lo más bizarra.

Efectivamente había una señora sentada en una sillita tomándose un té.

Desde mi posición podía verla de atrás, apenitas de perfil. La dueña de la librería me miraba con una expresión tan amigable en los ojos!. Como invitándome!. Como animándome a entrar. Me miraba a mí, la miraba a la señora, me volvía a mirar a mí, y siempre con una cuasi sonrisa en los labios.

Di un paso más, y ya dentro de la librería, con una expresioncita un tanto tonta en la cara, mi mirada también iba alternando entre la dueña y la señora, otra vez la dueña y otra vez la señora, que por cierto permanecía imperturbable. Parecía ajena a todo a su alrededor.

Ella seguía tomándose su té con el diario del día en la mano. Me llamó la atención que estuviera leyendo con fluidez sin lentes, considerando su edad. Pero sí, luego lo comprobé, podía leer perfectamente cualquier letra, aún las más chiquitas sin ningún problema.

En eso estábamos cuando por fin se dio vuelta hacia nosotros sonriéndonos ampliamente. Nos miró como reconociéndonos! Es como si nos hubiera estado esperando allí por años!

Continuará…….

viernes, 1 de abril de 2016

Vintage vintage! (primera parte)


Después de muuuuucho meditar, pensé que aquello de “si no puedes vencer al enemigo, únete a él”, tenía muuuuucho de cierto, y decidí implementarlo al pié de la letra en mi dormitorio.

Sos viejito y te gusta serlo? Ok! Yo te voy a dar un carácter aún más viejo. Se va a respirar aire vintage en cada rincón!.

Ahora bien, ¿cómo hacerlo con dos mangos?. ¿Cómo lograrlo si los muebles que tengo son tirando a viejos achacosos y no “antiguos”? (suena súper chic decirlo así).

Se me prendieron dos lamparitas y no una.

Primero, hacer una visita al galponcito de mi papá, lleno de cosas de otro tiempo, cosas que él valora tanto tanto tanto como yo, y ver si desempolvándolas un poco, enderezando alguna parte, podían cobrar vida nuevamente y traerlas rejuvenecidas para acá.

Segundo, libros viejos. Empapelar las paredes con hojas de libros amarillentas. Eso va a tapar por completo las imperfecciones, y además pondrá el acento en otra cosa!.

Ya decididos, hacia Córdoba partimos! Todavía vivíamos en Agua de Oro, llovía a cántaros, pero inspirados en aquello de “si es difícil lo hacemos, si es imposible tardamos un poquito más”, alzamos nuestro único paraguas y como dos chicos traviesos nos fuimos con mi marido de lo más divertidos.

Dejamos el auto en una playa céntrica y empezamos nuestro recorrido por las casas de compra-venta de libros y revistas usados.

Él, más joven y atlético que yo, corría velozmente de alero en alero esquivando la lluvia, dándose vuelta cada tanto para ver si yo continuaba detrás de él, y yo, que si junto todas las horas de gimnasio que hice en mi vida no llego a cuarenta minutos, lo seguía pasito a pasito muerta de risa bajo la escasa protección que me brindaba el paraguas porque además de llover había un viento terrible que me empapaba de todas formas.

En realidad buscábamos diarios extranjeros viejos. Alemanes, ingleses, franceses…..

No había. Nos mandaron a otro kiosco.

Tampoco había. Nos dieron el dato de otro lugar.

Menos que menos. Por monedas compramos uno español pero que se imprime en Argentina (nooooo, ya no me parecía tan divertida la lluvia a estas alturas).

En el decimotercer lugar que visitamos encontramos dos ejemplares alemanes que compramos a precio de euro, por lo que le exigí al vendedor  que me los envuelva para regalo y que los ponga en siete bolsas plásticas, porque si se me mojaban, al otro día salía él en los diarios (presa de un ataque de ira mujer atacó a paraguazos un kiosquero en la ciudad de Córdoba…. ).
 
 
 

Dado nuestro magro botín, nos miramos cómplices a través de la lluvia, y sin mediar palabra nos encaminamos hacia la zona del centro donde están todas las librerías de textos escolares usados.

Ir a esa zona no es fácil.

Vendedores compulsivos te acechan a cada paso, te obstruyen el paso asegurando que tienen la mejor de las ofertas, te preguntan cada dos segundos ¿busca libros señora?. Te los tenés que sacar de encima con un No seco, sin hacer contacto visual, o bien correr despavorido agitando los brazos como si te persiguiera un enjambre!.

Pero llovía. Y era verano. Aparte faltaba bastante para el inicio de clases. Así y todo créanlo o no, nos topamos con uno, “¿busca libros señ…” NO. Sí que buscaba, mi marido me preguntó ¿porqué le dijiste que no?. Y…. porque No. Siempre se les dice que No.

Seguimos caminando, mi marido se adelantó unos pasos buscando un alerito. Yo me detuve embelesada, por lo que tuve que esperar que se diera vuelta para hacerle señas desesperadas para que venga a ver la vidriera donde yo estaba parada.

No lo podía creer!!!
Continuará…….

viernes, 25 de marzo de 2016

Pijama Party


Como arranqué relatando esta experiencia de manera desordenada, lejos de enmendarme, voy a seguir salteando ambientes. Sin absolutamente ninguna secuencia lógica hoy aterrizaré en uno de los dormitorios.

¿En cuál? Justamente en aquel que elegí para hacerlo propio el primer día que ví la casa.

Porqué lo elegí? Porqué me gustó más que otros?

Y….. la verdad es que haciendo un poco de memoria, recreando mentalmente aquel momento, aparecen ante mí, imágenes asombrosas.

Quizás fueron las maravillosas puertas dobles……

Quizás fueron los imponentes techos altos……

Quizás fue la bellísima vista desde la ventana……

Quizás fue que imaginé que todas las mañanas que despertáramos allí, lo haríamos con una sonrisa en la cara, plena de felicidad, con el telón de fondo de un coro de pajaritos dándonos la bienvenida a un nuevo día……

Que tarada!!!!  Viendo el estado actual en que se encuentra este dormitorio, me cuesta reconocer haber sido tan tonta. Elegí mal. Voy a tener que laburar un montón!!!!!.

El techo? Despintado, con goteras y altísimo! No llego ni con cuatro escaleras puestas una arriba de la otra!.

Las puertas dobles? Precisamente: doble trabajo! ya me duelen las manos de lijar!.

La vista desde la ventana? Si, justo atrás del postigón se ve perfecto un tremendo panal de avispas africanas!.

La sonrisa? Se me acaba de transformar en llanto!!!.
Pero bueno, se ve que sí soy tonta. O por lo menos una romántica incurable. Porque aún así, con todo esto, más las paredes con humedades y sus revoques fugitivos, lo sigo eligiendo (socorro!), me sigue gustando (auxilio!), me quedo parada en el medio del cuarto y luego de un largo suspiro, comienzo a arremangarme lentamente sabiendo la que me espera, pero con el corazón latiendo de alegría (oh… y ahora… quién podrá defenderme?......... Chapulíííííín!!!!!).

Sí, es linda la vista, no?


Piedra libre a los ladrillos que se ven atrás de la estufita!


martes, 8 de marzo de 2016

Glamour cero – Austeridad uno


Hoy nos convoca el hall, que debería haber sido el primero pero bueno, el living le ganó por goleada.

El hall….. éste hall, es quizás el lugar más desangelado de la casa. Es amplio, luminoso, muy protagónico (a través de él se accede al living, al comedor y a una estancia adorable de la casa que en el futuro será mi taller), pero pese a todo eso, por no contar con un cerramiento en una de sus caras, para lo único que es bueno (y se esmera el desgraciado!) es para arremolinar, recopilar, atraer magnéticamente, diariamente, segundo a segundo, todas las hojitas secas, palitos y polvillo que anden cerca….. y lejos!.

Parece que coleccionara porquerías!. Es como yo!!!!!. Me acabo de dar cuenta!.

Algo que aprendí hace muchos años, es que no hay dos oportunidades para causar una primera buena impresión. Por lo tanto, de cómo sea este ambiente, va a depender mucho la opinión y la emoción que genere el resto.

Salta a la vista que lo más apropiado sería cerrarlo (para cortarle de cuajo su afición coleccionista), pero a la vez dejarlo abierto para que reciba toda la luz que el día le quiera regalar y que sea de paso una vidriera, un anticipo, la punta del iceberg de lo que vendrá.

Les dejo las fotos para que lo vayan conociendo.


 

martes, 1 de marzo de 2016

Sherlock Holmes......


Siguiendo con los clásicos…..mirá vos, siempre me gustó Sherlock Holmes.

Llegó el momento preciso donde les cuento a los míos la idea de dejar el living tal cual está.

Hubo de todo.

Miradas incrédulas esperando el final de un chiste que nunca llegó, balbuceos tratando de esgrimir alguna oposición, preguntas del tipo…¿pero no lo vas a dejar así no?, aseveraciones tales como “va a parecer sucio”, expresiones faciales con una media sonrisa y los ojos cada vez más abiertos que empezaban a ver lo que yo veía, entusiastas comentarios que cual porristas mantuvieron mi ánimo jubiloso. De todo, se los dije.

Lo que nadie podía saber, (o sí, aquellos que me conocen bien), es que era muchísimo más fuerte que cualquier comentario (a favor o en contra) eso que yo sentía desde el fondo de mi alma y que me hacía latir el corazón tan fuerte. Casi que era una decisión tomada, lo de preguntarles era más bien una cuestión de respeto. Si decían que no, tenía mil y un argumentos para convencerlos.

Me puse a buscar en internet referencias visuales, claras y detalladas que pudieran ayudarme por un lado a hacer evidente que no estoy loca, y por el otro a ir acostumbrando el ojo a esto que podría resultar chocante de entrada. Porque convengamos que no es ni fácil ni habitual ver como bella una pared a la que se le piantó el revoque hace algún tiempo, con un muestrario de pinturas descascaradas que orondamente se pavonean ante cualquiera que entre al living, una grieta que te dan ganas de salir corriendo y unas manchas de humedad con tanta personería que hasta tienen títulos universitarios!.

Encontré miles de ejemplos. Cientos de miles. Uno más lindo que otro. Hasta nombre y apellido tiene este estilo! Se llama Rough Luxe, aunque algunos también le dicen “estilo Sherlock”, por la serie Elementary. Amo ese programa. Lo seguirán dando?.

Les muestro fotos que tomé de google imágenes y que de seguro pertenecen a distintos autores. Muchas son de un hotel en Londres, que se llama justamente “Rough Luxe Hotel”. Disfrútenlas!.









miércoles, 24 de febrero de 2016

Jack the Ripper……

 
Vamos por partes…jaja. El Living.

El living fue el último cuarto que ví de la casa. La puerta de ingreso no se abría. La llave estaba trabada desde vaya uno a saber cuándo. Nos contaron que, misteriosamente, sólo bajo ciertos movimientos indescifrables, en ciertas circunstancias y únicamente con unos pocos elegidos, por arte de magia o casualidad absoluta, se destrababan los mecanismos y se abría. Conocedora de estos pormenores y con un as bajo la manga (había un cerrojo escondido del otro lado), Cuqui, una de las dueñas de la casa, entró al living por una ventana interna para abrir la puerta por dentro, y previa caída culpa de esa maniobra, abrió de par en par las puertas dobles.
 
Puerta caprichosa

Lo primero que se debe hacer es un diagnóstico real, concreto y objetivo del asunto, es algo que todo aspirante a estudiante de arquitectura aprende en el primer día del cursillo de ingreso.
Yo no puedo. Me gana por varios cuerpos el corazón, me dejo llevar por los sentimientos que me envuelven y vienen y van como bailando a mi alrededor.
No les puedo explicar lo que sentí cuando mis ojos hicieron ese primer contacto con ese piso húmedo de ladrillos, con esa pintura amarillenta, desteñida, con sus guardas celestes verdosas, con ese techo de madera y ladrillos pintados con esos rombitos……alguna vez se sintieron como si estuvieran dentro de una película?.
 
Ventana por donde entró Cuqui


Les dije que las paredes estaban descascaradas? Bueno, me quedé corta.

 

A esa grieta debería ponerle nombre y apellido no?
 
 
Esos rombitos.....
 
Mi primer impulso fue dejarlo así tal cual está. Descascarado. Con esa grieta que lo surca de arriba abajo. Con esos ladrillos que asoman donde alguna vez hubo revoque. Respetando el arte que se creó en esas paredes estación tras estación porque es realmente maravilloso!. Andá y tratá de repetirlo en alguna pared nueva para darle un look antiguo, te llevaría años!. Eso sí, dejarlo así como el paso del tiempo lo creó, (arreglando lo vital: las goteras, la grieta, y un poquito de maquillaje aquí y allá) pero contrastarlo fuertemente con muebles de estilo, que aporten el grado de sofisticación y elegancia adecuado, con una muy buena iluminación, para que no parezca el living de un homeless.
Que sea contundentemente escenográfico para seguir sintiendo siempre esa primera sensación de estar en un film.
Lo pondré a consideración del resto de la banda y luego les cuento como sigue todo esto.

lunes, 22 de febrero de 2016

Comenzando.....



Mi nombre es Pía y soy arquitecta, mamá y esposa. Mi sueño desde hace muchos años es vivir en Colonia Caroya y poder desarrollar allí mi trabajo de manera independiente para poder disfrutar muchos momentos con mi familia sin descuidar mi profesión. Exactamente hace 21 días ese sueño comenzó a cumplirse de la manera más insólita e inesperada que ya les contaré más adelante. En pocos días más nos mudaremos a una casa en Puesto Viejo, un lugar maravilloso que me tiene más que enamorada, a una casa muy viejita, encantadora, llena de magia en cada uno de sus rincones, con unos árboles maravillosos, con un aljibe en la entrada, con cientos de pajaritos y un alma y calidez ambiental como hacía mucho que no sentía. La amamos ni bien pusimos un pie en su terreno, escribo sobre ella en este momento y les juro que se me nublan los ojos por la emoción.

Es hermosa. Punto. Es hermosa pero está descuidada. Es hermosa pero necesita varios retoques. Es hermosa pero está llena de goteras, de grietas, de paredes descascaradas, de humedades, de telas de araña. Es hermosa pero requiere trabajo, tiempo, esfuerzo, inversión, etc, para poder serlo aún más.

Hoy comienzo este blog para compartir mi experiencia como arquitecta para restaurar lugares, decorar espacios, poner en valor muebles y objetos en desuso y darles a cada una de las cosas que llegan a mis manos una segunda oportunidad de brillar, de volver a ser bellos y deseados como nunca. Y lo que es mejor, hacerlo con lo que se tiene a mano, sin gastar grandes cantidades de dinero, pero con el ingrediente más importante de todos: pasión. Cada objeto, una lámpara, una mesa, una casa, nos cuenta una historia única e irrepetible que pide a gritos ser escuchada. Todas merecen ser expresadas.

En este espacio van a poder ver el antes y el después de los objetos que me rodean. Van a poder ver los objetos que restauramos o hacemos de cero para vender con mi marido, van a poder traer cosas a mi taller para que se las intervenga y recobren vida. Para poder obtener uno de mis muebles podes comprarlo a través de mi blog o visitar mi showroom a puertas cerradas en Puesto Viejo coordinando una cita.